Mi esposa, de santa a puta

Categoria Entrevistas, Noticias | 11-02-2009

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Quisiera contar lo que me está sucediendo desde hace unos meses y que ha cambiado totalmente nuestras vidas.

Somos un matrimonio ya madurito, ella de 40 y yo de 48. Llevamos casados 20 años y como todos, creo yo, hemos tenido una vida sexual más o menos normal, hasta hace un par de años en que la cosa fue decayendo, de tal forma que follábamos una vez al mes o cada dos meses. La rutina, el estrés, el trabajo, bueno todo nos hizo llegar a una crisis que incluso pensamos en separarnos. Hablamos del problema y yo le propuse de hacer cosas nuevas o intentar realizar alguna de las fantasías nuestras para incentivarnos.

El caso es que ella no estaba muy convencida y aunque ponía más interés no mejorábamos. El caso es que decidí tirar la casa por la ventana y le propuse irnos los dos solos, sin niños, a una ciudad lejos de la nuestra y pegarnos una semana loca de sexo desenfrenado, hacer lo que nos diese la gana, sin tabúes pero en pareja. A los dos o tres días me contestó que SI, rotundo. Entonces reservé un Hotel en la capital de España para pasar una semana.

Mi primera sorpresa me la llevé a 80 km de Madrid, puesto que paré en una gasolinera para repostar y mi mujer se marchó al WC. Estaba pagando en el mostrador y oigo decir a un o de los que esperaban para pagar “hostia, vaya pedazo de hembra…ufffffffff que polvazo tiene”. Miré y me quedé de piedra, era mi mujer. Llevaba una super minifalda negra muy ajustada que casi dejaba ver el inicio de sus nalgas. Unas sandalias de tiras negras con unos taconazos de vértigo y una chaleco vaquero y cortito y escotado que hacia que sus tetas se fuesen a salir en cualquier momento.

Vamos, parecía un putón verbenero de aúpa. Pagué y entré en el coche y le pregunté a que se debía el cambio y me dijo que durante estos días pensaba exhibirse por todo Madrid y ser la tía más puta de la ciudad. Me quedé con cara de imbécil mirándole mientras ella se ponía la mini en la cintura y con las piernas apoyadas en el salpicadero iba enseñando su potorro a todos los camioneros y conductores, puesto que se había sacado la tanga, y me decía “mira hacia delante no sea que tengamos un accidente”.